Manuel es un varón de 40 años y nivel socioeconómico alto (trabaja en una asesoría contable). En los últimos meses ha ido mucho al médico.
En una analítica "de empresa" le salió una GGT (una enzima hepática) "elevada" (el doble de lo normal). El paciente está completamente asintomático pero "por si acaso" acudió a su médico de familia que le mandó al internista. El internista le solicitó una ecografía abdominal, que fue completamente normal, así como serologías de hepatitis y analíticas de todo tipo.
Manuel vuelve al médico residente con un informe del internista donde pone literalmente: "elevacion de GGT aislada posible síndrome de bilis espesa" (que es una forma muy internista de decir que no tienes ni puta idea de lo que le pasa al paciente, pero que no tiene importancia). Recomendaba control cada seis meses por su médico de familia.
Manuel es un tipo preocupado por su salud, y con recursos sociales suficientes como para "defender sus derechos". Exije al médico residente una derivación al "especialista de digestigo para que haga más pruebas". El médico residente le explica que no es necesario, le explica el peligro de la iatrogenia... pero Manuel no cede... "muy bien pero yo prefiero que me vea el digestivo". El residente claudica y hace el volante para el especialista.
Florencia es una mujer de 61 años que después de un problema familiar hace dos años decidió que no quería levantarse de la cama. Con obesidad mórbida (pesa 120 kilos y mide 1,60) y diabetes que requiere insulina lleva 2 años sin salir de su habitación (ni para cagar).
Florencia tiene un marido, con una enfermedad cardiaca bastante importante y un hijo joven y sano que se encargan de ella. En la familia hay una especie de pacto tácito de silencio, y nadie parece sorprendido de que Florencia no quiera levantarse.
A Florencia no la conocía. Aunque mensualmente y puntual como un reloj su marido o su hijo venían a por recetas de pañales e insulina para ella. Pero nunca le había visto la cara ni sabía mucho de ella. Florencia además vive en un barrio mal comunicado con el centro de salud (a 40 minutos en transporte público).
Ayer, antes de irme al paro al terminar la residencia, decidí hacer un domicilio a casa de Florencia. Su hijo me decía que estaba un poco "mal de memoria". Así que cuando a las 20:30 acabé la consulta me dirigí a la casa de Florencia en transporte público. A las 21:15 (quince minutos después de terminar mi jornada laboral oficial) subía con mi pequeña mochila, armado con un fonendoscopio, un aparato para la tensión, una linterna y una maquinita para medir el azucar como todo arsenal tecnológico. Y por supuesto un fajo de vales descuentos (recetas rojas) y mi sello.
La casa de Florencia es pequeña. Muy pequeña. Con un pasillo tan estrecho que si las artrósicas y edematosas piernas de Florencia fueran capaces de soportar los 120 kilos de peso no podría salir a la calle.
Duerme sola con muchas botellas de agua a mano, la diabetes la ha dejado medio ciega. Tiene un silbato de plástico rosa, con el que despierta a su marido a las 3 de la mañana. El hijo trabaja de noche.
Había pedido al hijo que hiciera unos niveles de azucar a Florencia dos días antes de mi visita. Tenían una máquina pero hacía más de un año que no la usaban y ya no tenía pilas, así que tuvieron que venir a cambiar la pila al Centro de Salud.
Florencia andaba con unas glucemias altísimas, por encima de 350. Había que ajustarle la insulina. Florencia ya casi no tiene dientes, así que su dieta es a base de purés que le prepara su hijo. No se limpia nunca los dientes.
Llevaba un año en la consulta recetando pañales e insulina a Florencia y nunca le había visto la cara.
¿Por qué Manuel recibe tanta atención sanitaria por una analítica un poco alterada sin importancia y Florencia no recibe ninguna atención médica? ¿Quién podría beneficiarse del trabajo de un médico de familia?.
El por qué lo encontramos en la ley de los cuidados inversos, que nos dice que aquellos pacientes que necesitan más asistencia sanitaria son los que menos la reciben. La ley de los cuidados inversos se cumple con más intesidad cuanto más orientado al mercado está un sistema sanitario.
Y esto ocurre porque a todos nos gusta atender los casos "fáciles". Nos sentimos más comodos tratando a alguien de nuestro nivel social (y los médicos somos de clase cultura media-alta) que
a indigentes, pobres o marginados. Preferimos que vengan a nuestra consulta a tener que ir a sus casas. Preferimos llenar nuestro tiempo con tareas "sencillas" (hacer recetas, medir la tensión, hacer una ecografía, una cirugía de menisco) que con tareas complejas y mal remuneradas (manejar a un paciente pluripatológico, hacer una cirugía de horas de duración, o tratar pacientes que no podemos curar).
Como médicos (y sobre todo como médicos de familia) debemos estar siempre alertas y tratar de revertir en lo posible la ley de los cuidados inversos.
30.4.09
La ley de los cuidados inversos
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13 comentarios:
Pues creo que has dado con la clave... la mayoría de los médicos de familia deberíamos hacer un ejercicio de sinceridad y ver por qué los pacientes han perdido la confianza en la atención primaria. Si la experiencia de la mayoría de los pacientes es que los Medicos de Familia huyen de sus problemas elevandoles al nivel de "la especializada" dará igual que formación tengamos.
Gran reflexion para acabar esta fase... yo tambien he acabado hoy (practicamente, me toca hacer una guardia e ir 3 dias a consulta a final de mayo)... toca reflexion y ver que rumbo le queremos dar a nuestra vida profesional...
Al paro dices?? sera si te dejan... porque aqui yo creo que duro en el paro 3 segundos con el deficit que hay...
En mi opinión, es un poco más complicado que la Ley de los cuidados inversos.
De acuerdo, es conocido que el nivel económico/social/cultural condiciona la salud.
Pero muchas veces, hablamos de decisiones personales.
Aquel que dedice fumar, decide engordar hasta reventar, decide pasar de su nivel de colesterol, es un ceporro porque decidió no estudiar, decide no hacer ejercicio físico, decide no consultar con su médico, ..., es su libertad personal.
No creo que tengamos que culpar a la sociedad o a la mala atención de los médicos porque nos gusta atender a abogados de 30 años que estén en forma.
Oye Gofiococido, hace unos meses leí por aquí que ibas a dejar el blog cuando acabases la residencia.
Por posts como éste creo que deberías faltar a tu palabra y continuar escribiendo.
Un saludo.
Tampoco podéis arreglar todo, hay graves problemas sociales y familiares que no es fácil solucionar, es bueno hacer reflexiones, pero a veces es muy pero que muy difícil ayudar.
Gracias por ser como eres.
Completamente de acuerdo con usted.
Soy estudiante de medicina de cuarto curso y, desde hace tiempo, cuando la monotonía de las largas jornadas de estudio me resulta, paulatinamente, algo menos llevadera, me paseo por tu blog, en busca de motivación. Y la obtengo.
¿Qué se siente al terminar la residencia, después de tantos años?
Saludos,
Ruth.
estas teniendo un final de residencia inspiradísimo.
muy bueno
saludos
La GGT no es una transaminasa o aminotraasferasa.
Muy bueno el blog, enhorabuena
Un abrazo y mucha suerte
Fernando
galeno2001@hotmail.com
Excelente reflexión! Esto mismo también está sucediendo con Internet según los análisis de los datos en Cataluña
http://www.ictconsequences.net/2008/08/27/the-digital-ehealth-divide-or-the-e-patient-paradox/
Así que ojo con las declaraciones sobre la equidad y la eficiencia en temas que relacionen salud e Internet.
¡Hola! Creo que el primer paciente si finalmente va al hospital y se pone tan pesado con el gastroenterólogo como hizo con su médico de familia, tiene amplias probabilidades de acabar recibiendo una biopsia hepática, que casi con total seguridad será normal. Pero en fin, demos al pueblo lo que pide...
Eres muy grande, chaval
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