7.4.09

Enfermedades de verdad


Ayer vi a un enfermo "de verdad". No crean que es fácil hacerlo, ni en atención primaria ni en el hospital.

Se trataba de una misionera que llevaba 25 años en África y ahora había vuelto a España. Presentaba un cuadro de "temblor" en el brazo derecho.

El temblor parkinsoniano más "de libro" que he visto en mi vida. Le dediqué (a costa de retrasar la consulta 45 minutos) una exploración física minuciosa porque era como volver a los libros de la facultad.

Una de las cosas que más queman a los médicos (y no solo a los de familia) es la sensación de que "ya no vemos enfermedades". No vemos, claro, las enfermedades que se estudian en la universidad (enfermedades "de libro"), porque la mayoría de las veces no diagnosticamos por los síntomas sino cada vez más por las pruebas y analíticas y en fases tan precoces que a veces ni siquiera se puede hablar de enfermedades sino de "factores de riesgo".

Me acordé entonces de unos párrafos sobre "El médico del futuro" que me envió Gervas y que creo que analizan muy certeramente el por qué ya no vemos enfermos "de verdad":


De consultas llenas de necesidades a consultas llenas de tontinaderías

Las consultas en que se dan buenas noticias llevan a consultas en las que se quiere todo y ya. “Si podemos evitar el infarto de miocardio con un medicamento que baja el colesterol, ¿cómo es posible que no exista algo que evite la angustia vital?”. Los pacientes y la sociedad creen lo que se les dice. Por ejemplo, las promesas de eterna juventud de muchos expertos (“mis hijos vivirán hasta los 150 años sin problemas, y mis nietos no tendrán límite”, proclamó uno de estos expertos futurólogos, cardiólogo promotor de la vida sana que murió bruscamente a los 70 años). Por ejemplo, las promesas de evitación del dolor (“si usted tiene dolor y su médico no se lo quita, cambie de médico”). Otro sí, lo expertos que prometen bienestar psíquico beatífico, con la píldora tal o la técnica cual.

Todo ello cae en terreno abonado, en una población con pocos hijos en los que el “yo” es cada vez más importante. No es extraño que el resultado final sea la consulta por naderías, por nimiedades, por tonterías. Es importante, además, lograr la consulta rápida y directa (cara a cara) con el médico. Al final lo que agobia y preocupa al paciente es el “gen nuestro de cada día” de esos medios impactantes, o la desazón que conlleva el vivir, o el comprobar los estragos del paso del tiempo en el alma y en el cuerpo, o el evitar tal o cual cáncer, tal o cual enfermedad.

Puesto que se evita la mortalidad infantil se prolongan las vidas, y las enfermedades crónicas son más frecuentes, y más frecuente su co-existencia. En lugar de añadir salud, el buen trabajo del sistema sanitario añade infelicidad, insatisfacción ante la vida, sufrimiento y disminución de auto-percepción de salud. Es lo que se define como “paradoja de la salud” (a más salud objetiva, peor salud subjetiva). Las consultas se llenan de tontinaderías para las que se requiere solución y diagnóstico inmediato. La “tiranía del diagnóstico” provoca a su vez una medicalización y sobre-uso de recursos que no se traducen en mejoras en salud.


Por cierto, tan emocionado estaba de haber encontrado un enfermo "de libro" que me revisé la semiología del temblor. Son buenos artículos este, este, este o este. Importante destacar que el temblor Parkinsoniano en su debut es unilateral. Como ya nunca vemos ninguno a veces se nos olvida ese dato.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Oye, gracias por el artículo. Estaba buscando sitios donde encontrar diagnósticos diferenciales y cómo explorar los temblores, con el fin de diagnosticar un posible inicio de Parkinson en un paciente alcoholico crónico que hacía 5 meses dejó de beber (con tratamiento y seguimiento), y me has ahorrado el trabajo. GRACIAS ;)

Javier Guzmán (alumno 6º Córdoba)

Jony Benitez dijo...

te sigo desde hacer relativamente poco.pero me admira un montón este sitio. creo que mi ultima entrada te puede interesar.
un saludo
javier carreño

http://jony-benitez.blogspot.com/

miguel dijo...

lo que nos faltaba... :)
http://www.medscape.com/viewarticle/588919