
Hace unos días proponía un "caso clínico": ¿darías augmentine profiláctico contra la endocarditis infecciosa a un paciente antes de ir al dentista?.
Incluso podría irse más allá: ¿y si el paciente tiene una válvula dañada? ¿una cardiopatía estructural?... ¿le darías el antibiótico?.
La respuesta nos la trae una interesante revisión sobre el tema del NICE (National Institute for Health and Clinical Excellence).
Los resultados de la encuesta:
¿Mandarías augmentine a un paciente con valvulopatía cardiaca profilaxis antibiótica antes de una extracción dental?
62% Sí, sin duda
18% No, ni loco
15% Sólo si el laboratorio que fabrica el antibiótico me paga los congresos
3% Sí, porque lo hace todo el mundo
0% Solo si me lo pide el paciente
¿Y qué dicen las evidencias?... Las evidencias dicen que no está demostrado que sirva para nada. Es más, las probabilidades de provocar una muerte por shock anafiláctico (alergia) al augmentine seguramente sean mayores que las probabilidades de prevenir una endocarditis.
De modo que... ¿por qué lo hacemos?. La respuesta que tenía que haber seleccionado ese 62% no es "Sí, sin duda", sino "sí, porque lo hace todo el mundo".
Efectivamente la mayoría de las decisiones que tomamos no se basan en "evidencias científicas" sino en la "lex artis", es decir, "lo que hace todo el mundo". ¿Y lo que hace todo el mundo está basado en evidencias científicas?... no siempre.
A veces uno empieza a hacerlo y a los demás les parece bastante lógico, así que le copian, y aquello se extiende.
La "medicina preventiva" y las nuevas tecnologías (tecnologías de imagen, cateterismos cardiacos, endoscopias y fibroscopias, la misma historia clínica electrónica...) suelen extenderse con facilidad sin contar en ocasiones con evidencias científicas sólidas. Por supuesto en esta "invasión" tiene un papel fundamental los intereses económicos de las industrias detrás de estos medicamentos/tecnologías.
Si además añadimos que los que tienen más dinero son los sanos (y los que están sanos tienen más capacidad de tener dinero) se cierra el círculo. La medicina preventiva, la medicina wellness, lo que algunos han venido a llamar la "pornoprevención" no hace sino trasladar los recursos sanitarios donde está el dinero. Mientras algunos mueren por no tener agua potable, nos gastamos millones en TACs de cuerpo entero "por si acaso", fármacos contra la caida del pelo y terapias contra la celulitis.
Parece tan "evidente" que más vale prevenir que curar que a nadie se le ocurre plantear lo contrario.
Nadie en su sano juicio tomaría una pastilla que le diera un doctor para curar una enfermedad que no tiene. Pero si se trata de "prevenir" entonces la cosa cambia.
¿Es la prevención inofensiva?... desde luego que no. Ya no solo porque desvía recursos que podría usarse en medidas más eficientes, sino porque produce "efectos secundarios" (iatrogenia). Incluso una ecografía (aparentemente inofensiva) produce iatrogenia (cuando da un falso positivo o un falso negativo).
En medicina preventiva, cuando "tratamos al sano", debemos ser especialmente estrictos en el manejo de la evidencia. Se trata de un compromiso ético. No es lo mismo probar unas "vitaminas" en un paciente terminal, aunque no haya evidencias suficientes de que sirvan para algo, que mandar esas mismas vitaminas a millones de personas para "prevenir".
Sorprende también que haya más gente dispuesta a dejarse chantajear por un laboratorio (y recetar el medicamento si te lo exijen a cambio de favores) que ha dejarse chantajear por el paciente (y recetarlo si el paciente lo pide).
26.3.08
Augmentine y dentistas... el desenlace.
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