29.5.07

El futuro de la profesión médica


Todo paciente acaba sufriendo una enfermedad de la que no se le podrá curar.Albert J. Jovell Fernández



Un interesantísimo informe rescatado de la biblioteca Josep Laporte sobre el futuro (presente) de la profesión médica de 2001 merece una buena lectura. Y para abrir boca, nada mejor que su prólogo, que reproduzco aquí porque vale la pena leerlo.

A los futuros residentes que dudan qué especialidad coger... haceros esta pregunta.. ¿quereis ser médicos o hacer de médicos?

El futuro de la profesión médica.

Hubo una generación de médicos extraordinarios, anónimos y desconocidos pero extraordinarios, que contribuyeron de manera decisiva a sentar las bases de los sistemas sanitarios modernos y, especialmente, del Sistema Nacional de Salud. En la redacción de este informe ha sido inevitable que me acordara muchas veces de ellos y, sobre todo, de uno de ellos: mi padre.

Valorar y especular sobre lo que puede pasar en el futuro obliga muchas veces a pensar en el pasado y en el presente como puntos de partida de esas valoraciones. ¿Qué era ser médico?, ¿qué es ser médico? y ¿qué debe ser un médico? son preguntas que permiten reflexionar sobre la diferencia existente entre ser médico o hacer de médico. De mi padre y de sus compañeros aprendí esa diferencia tan nítida entre el hecho de ser médico --la profesión-- y el hecho de hacer de médico --la ocupación--.

Mi padre fue médico, sólo médico, desde 1954 a 1992 y fue médico y paciente de otros médicos desde 1992 hasta 1999. El seguimiento del deber profesional hizo que cerrara su consulta en Barcelona para trasladarse a Sabadell a inicios de los años 60. Unas riadas y una inmigración masiva de trabajadores urgieron un llamamiento de profesionales para que atendieran necesidades básicas de salud en esa ciudad. Allí se quedó y allí trabajo toda su vida como médico de cabecera. No había asistencia sanitaria universal ni servicios de urgencias, por lo que durante muchos años la profesión tuvo que ser lo primero. Era normal que le llamaran a cualquier hora del día, especialmente de noche, y que si salía a comer fuera de casa con la familia tuviera que quedar con un compañero para que le cubriera su ausencia. Aún recuerdo como actuó cuando mi madre le llamó a la consulta, diciéndole con seis años de edad que me había roto la clavícula. Tras indicarle como proceder, le comentó que no podía hacer más en aquel momento por mí porque tenía muchos casos como el mío esperando en la consulta. Eran más de 100 personas al día las que visitaba durante esos años en una consulta que nunca cerraba las puertas y donde la cola se prolongaba desde su despacho a la calle. Su mejor tecnología: la relación médico-paciente y la confianza mutua.

De pequeño mi padre era un héroe para mí. No podía serlo de otra forma una persona a la que todo el mundo agradecía cosas, a quién se saludaba constantemente en la calle y de quién casi siempre hablaban bien. Parte de las visitas que hacía no las cobraba y en otras hacía verdadera economía de trueque. Creciendo con estas visiones idílicas de la profesión no había otra elección para mí que la de ser médico como opción profesional. Nunca me lo pidió, no hizo falta. Con los años se convirtió en un modelo de rol para mí. La serenidad con la que afrontó, años después, su condición de paciente y cómo fue tomando decisiones difíciles sobre su destino fue otra lección de padre a hijo que uno no puede olvidar. Cuando murió estaba pendiente de visita en cinco servicios hospitalarios diferentes y, hasta la fecha, casi dos años después, desde ninguno de ellos han contactado con la familia para preguntar porqué no acudió a las citas. No es un reproche, la reflexión personal y, si se me permite, profesional que uno ha realizado sobre estos hechos se puede leer entre líneas en este informe y en dos artículos recientes: "Medicina basada en la afectividad" y "El silencio de los pacientes".

El hecho de ser o hacer de médico no exime a los profesionales de ser enfermos. Si bien se suele decir que los médicos son los peores pacientes, también son los que mejor pueden contribuir a mejorar el sistema sanitario y, sobre todo, a humanizarlo más. Al final, los pacientes como mi padre o como los que tenía mi padre quieren un sistema sanitario que les cuide, sobre todo si se tiene en cuenta que todo paciente acaba sufriendo una enfermedad de la que no se le podrá curar.
Si la medicina ha de responder a las necesidades de la sociedad, posiblemente el futuro de la profesión médica pasa por recuperar al médico de cabecera, al médico amigo. Necesitamos médicos que nos atiendan, conforten, cuiden y coordinen nuestras necesidades de asistencia sanitaria.
Con ello contribuirán al desarrollo de un sistema sanitario que haga la vida del enfermo más humana y digna. En este informe quisiera acordarme y dedicarlo a los médicos de la generación de mi padre, esperando que en el futuro la profesión médica responda a esos principios de altruismo y servicio a la comunidad que ellos --"los héroes anónimos de la medicina"-- predicaron con el ejemplo. Ojalá podamos sentirnos orgullosos de pertenecer a una profesión que ha hecho del servicio a los demás su primera prioridad.

Albert J. Jovell Fernández
San Cugat del Vallés, abril 2001

Mi generación

Guay, topeguay, superguay, guay del paraguay...

En la guardia de ayer, hablando con mis compañeras residentes (que tienen unos 5 años menos que yo) me di cuenta de lo que significa "el salto generacional". En concreto, recordamos el día del atentado del 11M de Madrid y el 11S en New York. Ellas lo vivieron como estudiantes (aún iban a la falcultad). En mi caso yo ya había terminado la carrera hacía tiempo, así que lo viví de otra forma.

En esta sociedad del marketing, sabes que te estás haciendo mayor (yo cumplo 30 este año) cuando los "creativos" de CocaCola te dedican un anuncio como este:



¡Un saludo a la generación perdida!

23.5.07

Estoy fatal de lo mío


Di seis, seis, seis y piensa en una pera, tengo rayos X puedo ver tu calavera. Si tienes frío te metes en el río, esta escrito en mi frente: estoy fatal de lo mío.

Solo quien haya tomado setas alucinógenas, LSD o haya tenido una guarda de 24 horas sin dormir teniendo que pasar planta de medicina interna al día siguiente entenderá la gracia de este videoclip.

A parte de ser una genialidad más del programa de TV "la hora chanante" y un video de hiphop muy bien producido es un buen ejemplo de los efectos de la 'encefalopatía': confusión, asociación de ideas, verborrea y por supuesto 'moria'. Así se siente uno cuando su cerebro decide que toca desconectar pese a tus intentos de seguir despierto.

¡Dedicado a todos los resis chanantes! (que haberlos haylos).

19.5.07

Megacentros de salud... más grande y más lejos


El tamaño sí importa. Anónimo



Ahora es época de elecciones y de inauguraciones. Es época en que a los políticos se les llena la boca de buenas intenciones. "la Comunidad de Madrid apuesta, por tanto, por mejorar la calidad y la accesibilidad a la Asistencia Primaria, el primer escalón de la atención sanitaria, y de enorme importancia para los ciudadanos" dicen por ejemplo los que gobiernan en la Comunidad de Madrid.

Sin embargo el análisis presupuestario algo más riguroso muestra como la inversión en primaria es menor con respecto al del hospital año tras año. Es como si las clases altas estuvieran abandonando la atención primaria (incluso los funcionarios tienen derecho a elegir ir directamente al especialista). Si los poderosos, los políticos y los trabajadores de las administraciones públicas creen en la Atención Primaria... ¿por qué no la usan?.

Ahora la nueva moda es crear "megacentros de salud". Es decir, hacemos un superedificio donde metemos 50 médicos de familia y cerramos los "pequeños consultorios". Se construye así una especie de "mini-hospital". Más espectacular, más bonita la foto de la inauguración, pero más lejos del paciente.

Algunas asociaciones de vecinos ya están quejando, claro. Desapareció el cine de barrio que se traslado al megacentro comercial. Desapareció la panadería de barrio que se traslado al Carrefour en el megacentro comercial. También desapareceran por lo visto los centros de salud a los que se puede ir andando. El que no tenga coche (como los jubiletas con artrosis pobres) lo tendrán un poco más difícil.

Algunos comentan que se debe hacer megacentros porque hay escasez de médicos de atención primaria (y la pregunta es ¿por qué hay tal escasez?). Los políticos demuestran ser malos clínicos y en vez de atacar la causa del problema, la etiología... (la falta de médicos de familia) se dedican a parchear los sintomas (creando megacentros donde los médicos se puedan sustituir unos a otros más fácilmente cuando uno falte, y donde por supuesto la responsabilidad de trabajo se diluya en la masa anónima). Es como si trataras una neumonía con paracetamol en vez de con antibiótico... al final puede salir caro.

Algunos comentan que solo se puede hacer megacentros porque el suelo en las ciudades es tan caro que no se puede construir un centro de salud en cada barrio.

Posible solución: Establézcase por ley la obligatoriedad de utilizar un 20% de la edificación en núcleos urbanos a equipaciones para la comunidad (pisos de alquiler públicos sin derecho a compra pero de alquiler heredable no subarrendables, centros de salud, guarderías públicas, minibibliotecas, centros de mayores, aulas para promover asociacionismo, locales comerciales con alquileres bajos para promover a los nuevos empresarios (tanto jóvenes como parados > 45 años y además mantener el pequeño comercio en los barrios....).

Supongo que los arquitectos, capaces de levantar enormes torres fálicas en la ciudad deportiva del Real Madrid (para alegría de Florentino y de sus cuentas bancarias) serán capaces de encontrar soluciones para que en una misma parcela convivan un centro de salud (en planta baja) junto con viviendas.

Claro que eso significaría que los promotores inmobiliarios y los dueños del terreno ganarían un poco menos (ojo, que los que construyen los edificios de verdad, es decir los paletas, ganarían lo mismo).

Es solo una idea (seguramente llena de pegas).


La otra opción es compartimentar urbanísticamente la vida de la gente:

- Ciudad dormitorio (piso en mamotreto si eres obrero, chalet adosado si profesional cualificado en ambos casos sin ocio ni servicios a distancia de paseo a pie)
- Puesto de trabajo a hora y media de casa (si eres obrero y vas en transporte público) a hora y media de atasco (si eres profesional cualificado y tienes coche) en un edificio moderno y acristalado (si eres profesional cualificado) o en algún polígono industrial (si eres
obrero).
- Compras, ocio y restaurantes (todo junto para hacer economías de escala) en un centro comercial a 30 minutos de tu casa (a 1 hora los sábados que hay atasco). Eso sí, da igual que vivas en Madrid, Toledo, Sevilla, París, Atenas o Londres. Las tiendas (franquicias) y productos
son similares. ¡La BigMac con cocacola sabe igual en Madrid que en Taipei! (lo puedo atestiguar).
- Asistencia sanitaria (y otros servicios públicos) a 15 minutos de casa en coche si eres profesional cualificado (40 minutos en transporte público si eres jubilado, pobre u obrero [suele ir todo junto]).

Buenas economías de escala (que favorecen a los de siempre) a costa de un despilfarro energético brutal (¿qué pasaría en nuestras sociedades si se acabara la gasolina?...que se acabará), una degradación brutal del medio ambiente (ciudades muy extensas, gran porcentaje del terreno dedicado a autopistas, requisitos de agua cada vez mayores por habitante (se pierde agua durante el transporte a largas distancias), desertización), despilfarro en felicidad humana (inseguridad creciente en urbanizaciones dispersas, desaparición de la sensación de comunidad vecinal, ciudades poco humanas pensadas para el coche, cada vez más tiempo perdido en transportarse de un lugar a otro, creciente uniformidad cultural y alienación social....)

El mayo del 68 ha muerto, lo ha dicho en las últimas generales francesas la generación del baby boom que en la juventud soño una sociedad llena de dogras, rock psicodélico y sexo libre pero construyó finalmente otra basada en el libre mercado como fin y verdad inamovible (y no como
medio).

¡Viva el neoliberalismo! ¿y quién te ha dicho que quiera que conduzcas por mí?

2.5.07

El MIR de este año

Parece que este año han quedado plazas MIR vacantes, y no solo en familia:

189 plazas no adjudicadas en medicina de familia
5 plazas no adjudicadas en salud pública


Significativos son también los 4 últimos puestos que eligieron plaza.

Fijaros que sacar un 8145 es equivalente a firmar el exámen:

UDMFYC CÁCERES 8145 RAMI DWEDAR,MOHAMED
UDMFYC TARRAGONA 8140 CIORBA ,VLADIMIR
UDMFYC LA RIOJA 8137 BOUJIDA ,SOUAD
H. SAN MILLAN (LA RIOJA) ANÁLISIS CLÍNICOS 8136 BOUJIDA ,NADIA

Obsérvese el fenómeno migratorio de agrupación familiar.

También muy significativo de nuestra sociedad es la última plaza de oftalmología asignada en España.
Ania Isable Buigues Llull, con un 5112 consigue su plaza de oftalmóloga en la clínica Barraquer. El último que cogió plaza en un centro público (que no exige 'entrevista personal' ni padrino) fue un tal Luis Beltran Ramirez, que con un 2981 se fue a Orense (tampoco es un número muy difícil de obtener que digamos).

Para ser radiólogo con un 3447 consigues la última plaza, también en Orense. Ginecólogo 3310 en Burgos, el prestigioso neurocirujano con un 3283 en León.

Los dermas (1512 en Valladolid), plásticos (1174 en Tenerife), cardiólogos (1941 en Zaragoza) son los únicos que mantienen "la pureza de raza" y que exigen sacar un puesto entre los 2000 primeros para hacer esa especilidad.

Esto ya no es lo que era. Y mientras tanto muchas de las plazas son cogidas por residentes que terminan una especialidad y comienzan otra (conozco tres casos así de resis de Familia, Interna y Urología que empezaron nuevas especialidades). Con contratos temporales o de interinidad o que te exigen irte "a las provincias" con 30 años sin previsiones de volver en el futuro, mucha gente una vez termina una especialidad decide que lo mejor es hacer otra, que son 4 años de contrato y en la ciudad que quieres.

Mientras tanto los políticos se entretinen inaugurando hospitales que ahora es tiempo de elecciones. La cuestión es con qué médicos van a llenarlos. Claro que la construcción faraónica siempre dió más rédito politico (se sale en la foto) que la buena gestión de personal. Además ya se sabe que en este pais lo que mueve la economía es el ladrillo, asi que ¡a construir! ¡a construir!

Nos esperan unos años muy graciosos con políticos abriendo hospitales a tutiplén, tasas de paro y pobreza en aumento en general (y eso significa más demanda de servicios sanitarios) y cada vez más déficit de médicos (a nivel mundial).