21.10.07

Recortes de prensa

El periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo. Gilbert Keith Chesterton

Andamos los médicos un poco revueltos. Y parece que el problema del déficit de profesionales empieza a ser un asunto de "interés general". Cada vez salen más noticias en la prensa, y eso quiere decir que a los poderes fácticos (que manejan la prensa oficial) les interesa que el asunto se trate en las tertulias. ¿Proximidad de las elecciones?... es posible.


Pero también es cierto que en otros paises (como en USA) el tema también es candente (y no digamos nada en Ruanda, donde como la gente no se conecta a internet es dificil saber lo que piensan).

Rescato una carta de un médico y dos editoriales muy recientes para la reflexión:

Las heridas del médico "El Periódico de Cataluña" 17/10/07

JOAN BARRIL

Contra la muerte, el hombre inventó a los dioses y se garantizó una nueva vida. Cuando los dioses nos fueron insuficientes, el hombre engendró al médico. Y así fue como a la esperanza eterna se añadió la esperanza inmediata de la curación. En todas las civilizaciones la figura del médico, del brujo, del chamán, ha sido respetada. Pero con el Estado del bienestar todo cambió. El médico se convirtió, a ojos del paciente, en una emanación del poder y en un beneficiario de nuestros impuestos. Por su parte, el colectivo médico tampoco aportó gran cosa a una suavización de su imagen. La tecnificación de la medicina acabó con el médico que miraba a los ojos, y poco a poco fue sustituido por el médico que solo sabe mirar máquinas y cifras.

Así estamos ahora. Entre unos y otros han intentado hacernos creer que la medicina es una ciencia exacta y que la muerte no es consecuencia de la biología, sino de la negligencia. Y cuando la medicina falla, la bronca se la lleva el médico. En todos los periódicos se ven pequeños anuncios de abogados que invitan a reclamar a los ciudadanos por si han sido objeto de una mala praxis médica. Asociaciones de defensa del paciente se ceban en los profesionales de la medicina. Y estos, a su vez, se ven obligados a curarse en salud y suscribir onerosas pólizas de responsabilidad civil. La llamada medicina defensiva se ha instalado en ciertas especialidades de riesgo. Pero el riesgo real es otro: ayer, este mismo diario publicaba que 16.000 médicos de toda España han sido agredidos físicamente por sus pacientes o por los familiares de estos. Solo los maestros, otro puntal del Estado del bienestar, viven ese mismo peligro.

Así son las cosas. Y los errores médicos pueden llegar a ser fatales. Pero ninguna actividad humana es- tá libre del error. Y, sin embargo, el asedio a la profesión médica no se percibe en otros colectivos. El mundo de la judicatura, por ejemplo, puede actuar con frivolidad y desidia, pero nadie se atreverá --y que así sea-- a ir por las audiencias zurrando a jueces. La Administración pública comete errores que acaban siendo una pesadilla para los administrados. El poder de verdad es intocable. Pero el servidor de la salud es frágil. Y, si se le vence, da dinero.


Importar menos, retener más Hoy - Tribuna Extremeña 17/10/07


DÍAS atrás, el doctor Dámaso Villa, gerente del Servicio Extremeño de Salud, se refería a la falta de médicos como excusa para justificar la carencia de ciertas prestaciones a los ciudadanos y apuntaba que una solución sería que la facultad admitiera más alumnos de Medicina. Me quedé pensando que el ciudadano que no tiene relación con los temas médicos habrá pensado que ésa es la verdadera solución: Si no hay habrá que hacerlos...

Dr. Villa, si usted quiere llenar una botella que tiene el culo roto será imposible que lo logre. Podrá arrimarla al grifo abierto a tope, pero si está desfondada no lo logrará por más que lo intente. Así ocurre con los médicos o con otras profesiones, podrá aumentar el número de ingresos en la facultad o importarlos de países que están en peores condiciones socioeconómicas que nosotros, que por eso vienen, pero si después no los cuida se le irán, que es lo que está ocurriendo. Y, por favor, no me diga que en otras comunidades, ocurre lo mismo y que en Cataluña hay el 12% de médicos extranjeros. ¿No se da cuenta de que es un corrimiento de oportunidades, que los profesionales, como el resto de la sociedad, se van desplazando hacia donde más les conviene, sobre todo los jóvenes con inquietudes y que no están todavía atados por una familia, ni arraigados a una tierra que los proteja? Los nuestros buscan mejores oportunidades en el exterior o en otra comunidad que los trate mejor, y los extranjeros provenientes de países en desarrollo vienen donde tienen cabida, buscando mejores oportunidades tanto económicas como profesionales que no tienen en sus países de origen.

La solución, Dr. Villa, no pasa solamente por abrir el grifo sino por tapar las grietas. En pocas palabras, el SES no cuida a sus profesionales, no los mima, no les protege. Es más, parece que se deleita empujándolos a abandonar la comunidad.

Como ejemplo de mis palabras valga la pregunta: «¿Dónde están los polacos»? Sí, ¿dónde están esas decenas de especialistas polacos que con gran coste económico para el contribuyente extremeño (se les pagó alojamiento, profesor de idiomas, algunos estuvieron durante meses cobrando el sueldo sin producir al lado de alguno de nosotros hasta que tuvieran las mínimas condiciones para poder ejercer su especialidad, etc.) trajeron los directivos de nuestra sanidad desde Polonia? Si usted no lo sabe yo se lo digo: en la costa alicantina. ¿Y por qué? Por algo tan sencillo como es que allí les ofrecen mejores oportunidades, tanto económicas como profesionales, que las que el SES brinda.

¿No le parece una pésima gestión que después de invertir tanto dinero de la sociedad extremeña, una vez que chapurrearon algo de español se fueran a otras comunidades donde las oportunidades son mayores?

¿Por qué no cuidar al médico español, excelente en su formación, que por ser formado en un país de una de las economías más prósperas del planeta tiene una formación acorde a lo que se invierte en las facultades, que aunque algunos digan que es poco estamos lejos de ser del tercer mundo, de donde provienen casi todos los galenos extranjeros?

No se les ocurra, como tengo entendido que tiempo atrás se quiso hacer, un pacto entre las distintas comunidades de 'no agresión', es decir llegar a un acuerdo entre ellas, de que ninguna comunidad aceptara los profesionales de la otra. No sería solamente un método estaliniano, sino una estupidez de consecuencias funestas para nuestra comunidad.

Otra parte de sus manifestaciones versó sobre la imposibilidad de que los médicos de primaria libraran al día siguiente de una guardia por falta de profesionales que los cubran. ¿Sabrán los pacientes en qué condiciones lo puede atender un profesional después de 24 horas de trabajo? ¿Pondría usted su vida en las manos de un piloto que no haya dormido en las últimas 24 horas?

¿Cómo pretende que no se vayan los profesionales que están o que se queden por mucho tiempo los profesionales extranjeros cuando son sometidos a horarios extenuantes que vulneran toda norma legal de trabajo, afectan al núcleo familiar del médico e influyen en la calidad del servicio prestado?

Hacer un profesional de medicina, aparte del coste económico que representa a la sociedad, supone como mínimo 10 años en su formación, por lo cual, con cada profesional que abandona la comunidad ésta tarda 10 años en formar otro, y no hablemos de profesionales experimentados con muchos años de profesión.

Por lo tanto, su política de mantener profesionales en la comunidad es ruinosa en todos los aspectos. Sería conveniente que importara menos y busque las formas de retener más. La sociedad y los profesionales de la medicina se lo agradeceríamos.

FRANCISCO PIÑOL SALA es médico anestesiólogo en el Hospital de Mérida

A Portugal con tu médico El País 09/10/2007

FERNANDO DELGADO

Ante el maltrato que en Madrid sufren los médicos, Pablo Rivas, especialista en medicina interna, que renuncia ahora a su plaza y, harto ya, se marcha a Portugal a prestar sus servicios, nos hizo en una carta al director de este periódico la siguiente pregunta, quizá con un poco de retintín, tal vez acusatoria: "¿Qué has hecho tú, político, periodista o ciudadano de a pie para cuidar a tu médico?". Lo que las administraciones han hecho por el médico lo tiene claro el doctor Rivas: someterlo a contratos basura eventuales, incluso de días, que se suceden durante años; sueldos indignos para las responsabilidades que se les exigen, jornadas de 24-32 horas, consultas con tres minutos por paciente... No es poca cosa. Ni siquiera es preciso recordar las vejaciones, y hasta las ignominias, que han sufrido algunos médicos por parte de las autoridades de la región. Y esto es lo que parece haber hecho el Gobierno de Madrid, acaso como otros, aunque tal vez de un modo especial. No en vano está el de Madrid entre los últimos gobiernos de la cola, de acuerdo con recientes informes muy bien argumentados, a la hora de ofrecer sus servicios sanitarios.

Pero el doctor Rivas no sólo lamentaba la deriva de los políticos o su incompetencia, sino también el comportamiento de sus compatriotas enfermos, de ese paciente impaciente que en sus largas horas de espera maldice al médico, lo agravia verbal o físicamente y ni siquiera entiende que un doctor tenga necesidad de dejar de trabajar para disponerse a comer. Así que, aunque no por esa carta, pero sí bajo los efectos de su lectura, acudí a la sala de espera del servicio de urgencias de un hospital público madrileño y pude comprobar los hervores de ánimo que produce la impaciencia del paciente, después de horas de espera para ser atendido, y la impotencia de celosos médicos, enfermeras, celadores y auxiliares del centro para intentar resolver con responsabilidad su trabajo y tratar de atender la demanda de los enfermos, a pesar de las carencias notorias de personal y de medios. Y se entiende, claro, que al ciudadano enfermo le pueda más su propio dolor, entre suspiros y quejas, que la comprensión hacia el personal sanitario que con tanto empeño como imposibilidad trata de atenderle pronto. Pero no fue el caso esta vez del menos dolorido de la sala, un joven charlatán de brazo escayolado, adornado con graffitis, que a voz en grito proclamó la solución del problema: "Esto se acabará el día en que privaticen este hospital, que es lo que mola", bramaba. "Te haces tu seguro privado y sin problemas", garantizaba, altanero.

Su actuación confirmaba la sospecha, razonablemente extendida, de que alguien se empeña en desacreditar los servicios públicos de salud para que en medio del desconcierto los pobres aspiren a ser objeto de negocio privado con sus vidas sin que les importe el timo. Líbreme Dios, sin embargo, de entender que el muchacho vocero sea un portavoz de los que se empeñan en eso y no por el contrario una fácil víctima por ignorancia de los torcidos intereses de nuestros gobernantes en el camino que va del interés general al particular, con sus cruces mercantilistas y sus estaciones de sospechosos beneficios para lo privado. Es evidente que las carencias en la sanidad pública consigue a veces convencer a los más necesitados que mejor les iría haciendo prosperar el negocio de la sanidad privada que reclamando sus derechos a la sanidad. Ahora bien, para conocer la verdad de lo que sucede, sin simplificaciones, le hubiera convenido al joven privatizador haber leído la carta del médico que se va. El doctor Rivas acababa su despedida diciéndonos: "Yo estoy aprendiendo portugués; les recomiendo que, ante la llegada de médicos extranjeros, ustedes vayan aprendiendo polaco". Y, digo yo, ¿por qué no portugués como él? ¿Por qué, tratando de hacer algo por nuestro médico, como nos requería Rivas, y por nuestra salud, por supuesto, no nos vamos todos a Lisboa con nuestros médicos, creamos una crisis de patriotismo, que es la única enfermedad que preocupa a nuestros gobernantes en esta hora de enardecido amor patriótico, y esperamos a que nos reclamen?

1 comentario:

Jen El dijo...

Ummmmm....¿no estará alguien jugando al fracaso de la seguridad social para agenciarse un jugoso negocio con los seguros privados?

Parece ser que los Españoles no saben lo que es pagarse uno solito su atención de salud.

Usando el lenguaje del marketing moderno parece que los politicos españoles olvidan que deben "fidelizar" también a sus médicos.

No saben lo que tienen...Ni lo que puede suceder si lo pierden