"Todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere serlo." Martin Held.
Cada vez escribo menos en la bitácora, pero es que cada vez tengo menos tiempo de conectarme por aquí. Entre que he vuelto a la urgencia, que voy a presentar un par de posters a un congreso, que la tesis está a punto de caer, las guardias, el gimnasio y un juego de la PlayStation que me tiene muy viciado no encuentro el momento de sentarme a escribir.
Mi reflexión de hoy es sobre los viejos, o mejor dicho sobre envejecer.
Cuando uno trabaja de médico tiene una imagen un poco sesgada de la vejez, porque al fin y al cabo a la gente que ves es a la que está enferma. Así que te da la impresión de que la población está envejecida y achacosa.
Luego te vas a un centro comercial el fin de semana y ves a todo el mundo sano y joven. Se hace raro.
Pero a lo que iba. A veces, incluso en el hospital, ves a un señor que parece que tiene 60 años ¡y resulta que tiene 83!. Y ha ido por primera vez al médico por un síncope o alguna cosa vanal. Otras veces ves a una señora con enfermedad de los bronquios crónica (EPOC) con 50 años que parece una abuela de 80.
Es increible la gran diferencia que puede haber entre una persona y otra a la hora de envejecer. A mi, como a la mayoría supongo, nos gustaría llegar a viejos pero sanos. La cuestión es ¿cómo?.
Cuando hablas con los viejos bien conservados, y aunque no he hecho estadísticas y solo me baso en una impresión, ves que se trata de gente que ha trabajado en el campo... que ha trabajado mucho diría yo. No bebedores, no fumadores, amantes de la comida (siempre te hablan del gazpacho de su pueblo, o del jamoncito con guisantes...). Además suele ser gente bromista, y con optimismo. Conocí a una abuelilla que con 102 años caminaba y estaba perfectamente lúcida, y muy sana (excepto que tenía sordera y se había caido y fracturado 3 costillas estaba como una rosa). La mujer todavía mantenía su sentido del humor y cuando le dijimos (gritándole al oido)... "QUE SE HA ROTO TRES COSTIIIIILLAAAAS", respondió: "pues menos mal que no han sido cuatro". Otro detalle interesante: la mayoría son andaluces.
En el otro lado del espectro están los envejecidos. Entre ellos hay muchos fumadores severos o alcohólicos. Trabajadores de fábricas, transportistas o amas de casa solitarias. Generalmente su sentencia se firma el día que desarrollan una insuficiencia cardiaca (por sedentarismo, alcohol o hipertensión), una bronquitis crónica o enfisema, les da un infarto de miocardio, o peor aún un infarto cerebral. La artrosis también es fatal, porque dejan de moverse y empieza su debacle. Muchos son obesos. Generalmente tienen además mala leche. Es como si estuvieran cabreados con la vida. A lo mejor es porque la vida les ha tratado mal. No lo sé.
La conclusión es que si quieres tener una vejez feliz y alejada de hospitales lo mejor que puedes hacer es dejar de fumar, beber con moderación, disfrutar de la buena comida sin excesos, trabajar en el campo o pasar mucho tiempo al aire libre, mantener una actividad física regular y sobre todo ver la vida con optimismo. Y los que dicen aquello de "yo no me cuido porque no quiero llegar a viejo" no se confundan. Aquí llegamos a viejos todos, algunos mejor que otros, pero todos.
21.2.06
Sobre los viejos
El menos común de los sentidos
El sentido común es el menos común de los sentidos
Es esta sin duda una gran verdad. Y es que a veces lo que parece obvio, si es analizado utilizando el sentido común resulta claro que no lo es tanto.
Empecemos por un pensamiento muy común y potenciado por los medios de comunicación (y en la sombra por las compañías farmaceúticas): la inversión en la investigación de nuevos fármacos y tecnologías terapeúticas es la mejor manera de librarnos de la enfermedad.
¡meeeeec! error de concepto. A primera vista parecería que invertir millones de euros en descubrir nuvos fármacos que controlen mejor el colesterol (por poner un ejemplo) es lo mejor para salvar vidas. Sin embargo un estudio recientemente publicado (cuyo editorial acompañante se titula "¿Hacer mejores cosas o hacer las cosas mejor?") parece desmentirlo.
Lo de gastar en investigación de nuevos fármacos está muy bien si suponemos que los tratamientos "antiguos" que ya tenemos a nuestra disposición son utilizados correctamente... vamos, que ya no podemos sacarle más partido y por eso necesitamos fármacos nuevos (y nuevas patentes, ¡claro!) para seguir mejorando nuestra salud. ¡Pero es que esa premisa es falsa!. Lo cierto es que por ejemplo en el caso de las estatinas (un medicamento que se usa para bajar el colesterol) el tratamiento solo se da a 1 de cada 3 (un 33%) de las personas que lo necesitarían tomar. Ello, sin contar al gran número de personas a las que se les da estatinas de manera errónea (sometiéndoles al peligro de sufrir efectos adversos como el cancer o la destrucción muscular) sin que realmente lo necesiten.
Los autores de esta investigación muestran con números, que sería mucho más eficaz conseguir que las personas que necesitan las estatinas las tomen realmente que descubrir un nuevo fármaco que sea "un poco mejor" que las estatinas actuales.
Conseguir sistemas sanitarios accesibles a la población (accesibilidad significa poder ver a un sanitario que resuelva o al menos comience a resolver tu problema sin tener que esperar 3 meses de lista de espera), y sobre todo invertir en prevención y en evitar desigualdad social (que es el principal factor de enfermedad, por cierto) es lo mejor que se puede hacer para estar más sanos.
Y de aquí la segunda falacia del día. Accesibilidad no significa "poder ir al especialista que yo crea conveniente sin tener que esperar". De hecho también los números (y el sentido común histórico) nos dicen que las personas que se dedican a ir a cada especialista particular cada vez que tienen un problema determinado no tienen mejor salud, sino peor, que las que tienen la suerte de contar con un médico general de confianza, que evalue las necesidades del paciente, derive cuando sea necesario (y juicioso) y lo más importante, integre las opiniones e indicaciones de cada especialista en el conjunto global del paciente (y de su biografía y contexto psicosocial personal).
Citando a Barbara Starfield (una pediatra norteamericana que ha escrito mucho sobre la necesidad de una Atención Primaria fuerte en EEUU):
Como muchos saben, los EEUU son el único pais industrializado en el mundo que no dispone de un programa estatal que asegure la asistencia sanitaria a toda su población. No muchos saben que la salid de la población de los EEUU está muy lejos de ser de las mejores del mundo. De hecho, en las clasificaciones de los principales indicadores de salud de los principales paises industrializados, los EEUU aparecen en última o muy cerca de la última posición, siendo la única excepción la esperanza de vida en aquellos afortunados que llegan a los 80 años.
Pero no solo es el hecho de tener un seguro de salud (seguridad social) lo que influencia la cantidad de buena salud. La calidad de los servicios disponibles para la población también cuenta. La mayor parte de la gente en EEUU piensa que tener acceso libre a super-especialistas les asegura la mejor calidad asistencial. Desafortunadamente este no es el caso. Aunque el acceso a los especialistas es muy importante para aquellas personas que lo necesitan, un acceso indiscriminado por parte de gente que piensa que podría necesitarlo es potencialmente peligroso, llevando a pruebas y terapias innecesarias y potencialmente peligrosas. Es por esto por lo que la relación de la población con un médico de familia de calidad es importante.
La medicina de familia no significa tener un cierto tipo de médico "para las cosas banales". Significa tener un médico que funciona de una forma peculiar. Significa ofrecer acceso a servicios de modo que la gente consulte a ese médico siempre que tengo una necesidad curativa o preventiva. Significa tener una fuerte relación con ese médico, de modo que ese médico comprenda las necesidades de la gente y la gente se sienta cómoda hablando al médico acerca de esas necesidades. Significa ofrecer cuidados para TODAS las necesidades que son frecuentes en la población y derivar al especialista cuando el problema es demasiado inusual o infrecuente para que el médico de familia lo maneje. Significa también cordinación de los cuidados de modo que cuando las personas tengan que ser derivadas a cualquier sitio, las recomendaciones recibidas sean integradas en una terapia global de modo que no se den recomendaciones contraproducentes que puedan causar daño. Numerosos estudios confirman los beneficios de estas cuatro características de la atención primaria.
La visión popular de que la mejor asistencia médica es aquella de mayor especialización (en vez de una buena asistencia primaria) probablemente tiene su origen en las carencias del sistema de salud americano en el pasado, donde la ciencia y arte de la medicina de familia fue desterrada de la educación médica y la investigación. Aunque mucho de esto está siendo remediado, los cambios no están siendo lo suficientemente rápidos como para que la confianza de la gente en la medicina de familia se recupere. La concienciación pública de que el objetivo es mejorar la atención primaria, incluyendo la derivación apropiada a especialistas CUANDO ESTE INDICADO, en vez de remplazarla con especialización, es crítica para mejorar la salud de la población. No es casualidad que en EEUU los más ancianos sean los que tengan el mejor estado de salud (en relación con el resto de paises); ellos son también el único segmente de población que tiene acceso a servicios de salud asegurado desde 1965, lo cual hace posible construir relaciones a largo plazo con médicos de familia.
