15.1.06

Las doce uvas

"El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos." Fernando Savater

Llevaba tiempo sin escribir en esta bitácora. Pero retomo para contar una experiencia que creo que puede resultar curiosa para los seguidores (si aún queda alguno) de este diario.

Hay muchas formas de pasar la nochevieja. Los dilemas que la gente de "a pie" suele plantearse son: "en casa de mis padres o de mis suegros", "en un restaurante o en casa", "fiesta íntima con amigos o megafiestón organizado", "corbata o smoking" y cosas así.

Yo este año no tenía muchos dilemas porque me tocaba guardia en urgencias esa noche. Así que partí el año trabajando, lo cual no deja de ser una experiencia nueva.

La guardia de nochevieja tiene algo especial. La gente lleva algo de comida (fría porque no tenemos microhondas), champán bombones y esas cosas. Si la situación lo permite (y generalmente es así) se para durante 10 minutos para ver las campanadas por la tele y tomar las uvas.

La afluencia de pacientes tiene además una distribución extraña. Y es que no hay que olvidar que la mayor parte de la gente no se pone enferma cuando le toca, sino cuando le viene bien, al menos la mayoría de los que vienen a urgencias en este país.

En la franja horaria de la tarde (de 16:00 a 20:00) vienen principalmente familias con abuelos demenciados, o muy cascadetes. El típico abuelillo de 90 años que nadie sabe que hacer con él, y motivo de discusión entre los hermanos en edad de prejubilación (rondando los 60 años) y con sus vidas separadas hace mucho y sus propios nietos y familias. Me los puedo imaginar discutiendo quién se queda con el abuelo en nochevieja, que vaya coñazo, que hay que cambiarle los pañales y nos vamos a ir de cena por ahí.

Así que te los van trayendo en sus sillas de ruedas "porque está con fiebre", "porque está como más dormido" y diversos motivos de consulta de lo más peregrino.

Conforme va pasando la tarde los familiares se van poniendo nerviosos, porque va llegando la hora de irse para casa a arreglarse para la fiesta. Tanto es así, que a un compañero R1, tras informar a la familia de un abuelastro que estabamos a la espera de unos análisis el familiar le inquirió: ¿y no sirven las pruebas que le hicieron la última vez que estuvo?.

Yo ingresé a una abuelilla que traían por mareo, y que al final era un infarto (de esos infartos que uno pilla de chiripa porque se le enciende una bombilla en la cabeza y te da por hacerle un electrocardiograma). Eran las 22:00 de la noche y lo traía un hijo suyo (de unos 60 años). Cuando les dije que iba a ingresar porque tenía un infarto su respuesta fue: "bueno, nosotros aquí ya no hacemos nada ¿no?". Como esperando mi permiso para dejar a su madre tirada e irse a celebrar la nochevieja. Mi respuesta fue: "pues hombre, mucho más no hay que hacer a parte de darle el tratamiento que ya le estamos dando"... "así que se puede marchar a su casa que total su madre ha tenido un infarto SOLAMENTE...", bueno la segunda frase la pensé pero no la dije.

De 22:00 a 1:00 no vino nadie. Y cuando digo nadie es nadie. Así que pudimos parar los 10 minutos de rigor y tomarnos las uvas, tal y como se observa en la foto siguiente:



A las 12:15 salí, aunque hacía un frio del carajo y la bata no abriga mucho que digamos a ver los bonitos fuegos artificiales que la gente tira desde sus casas.

A partir de la 1:00 comenzaron a venir esos que tiraban los bonitos fuegos artificiales. Tímpanos destrozados, quemaduras en la cara, manos reventardas. ¡Pero que bonitos son los fuegos!.

A cosa de las 2:00 los goteos de peleas, navajazos y demás que iban llegando a cirugía, por donde me pasaba por ayudar un poco a mis compañeros (el nivel de alcoholemia y drogas no había llegado a inundar medicina todavía). Los tráficos no los ví, porque no roto por trauma.

A las 3:00 empezaron a llegar las intoxicaciones etílicas, principalmente de jovencitas de 17-19 años. Todas con sus modelitos de Mango manchados de vómitos. Espatarradas en la camilla perdían todo su glamour. Al lado el correspondiente chavalín con traje y corbata y cara de pánfilo.

A las 7:00 me tocó partir turno y me fui a dormir. A las 9:00 me desperté porque mi novia me vino a buscar (todo un detalle) para celebrar nuestro fin de año con chocolate y churros. Según me comentaban los compañeros, de 7:00 a 9:00 la cosa se complicó un poco más, porque empezaron a llegar los intoxicados (alcohol y cocaína principalmente), pero yo me salvé de esa quema.

En fin, así transcurrió mi primer fin de año como residente. Uno de esos fines de año que seguro no olvidaré.