Ganas fuerza, coraje y confianza con cada experiencia en la que miras al miedo a la cara. Entonces puedes decirte a tí mismo: "He sobrevivido a este horror. Puedo con lo siguiente que venga". Por eso debes hacer lo que crees que no puedes hacer. Eleanor Roosevelt
Hacía tiempo que no escribía en este cuaderno de bitácora, pero he estado muy liado ultimamente con las guardias, la novia y la PlayStation.
Y es que aunque las series americanas y nuestros contratos se empeñen en lo contrario los Residentes tratamos en lo posible de tener nuestro tiempo de ocio, vida personal y vicios inconfesables (como liarnos a tiros con 16 tiparracos desperdigados por europa jugando al SOCOMII por internet).
Pero aprovechando que estoy saliente de guardia voy a relatar algunas de mis experiencias recientes como residente.
Una manera muy práctica de valorar la intensidad del dolor de un paciente es pedirle que valore su intensidad en una escala del 0 al 10. Normalmente se le dice: "en una escala del 0 al 10, siendo 0 ningún dolor, y 10 el dolor más horrible que te puedas imaginar ¿como calificarías tu dolor?".
Yo estoy por desarrollar una nueva escala de valoración de hijoputez de las guardias, que podríamos preguntar así: "En una escala del 0 al 10, siendo 0 como estar en un hotel-balneario el fin de semana y 10 como si te apagaran cigarrillos en las corneas ¿como calificarías tu guardia?".
Podría decirse que las guardias de un adjunto (especialmente de un adjunto de radiología o análisis clínicos) se acercan al 0, si no fuera porque todavía no han instalado jacuzzis en los dormitorios del hospital, y la guardia de un residente de familia en cirugía un fin de semana se acercaría al 9.
El fin de semana tuve, como ya estarán sospechando los lectores de esta bitácora, una guardia de cirugía. A diferencia de la primera de cirugía en la que estuve acompañado de la R mayor, en esta ya era un "tipo experimentado", curtido en las lides de la cirugía de campaña y preparado para enfrentarme yo solo ante el peligro.
Llegué a las 9 de la mañana, y para mi sorpresa resulta que las guardias de ciru empiezan (y terminan) a las 10 am los fines de semana. Primera pardillada del día. Así que en esa hora me fui a tomar un zumo de naranja a la cafetería y a darme un volteo por los alrededores del hospital.
Lo cierto es que no se si fue el zumo, o el paseito, pero mis intestinos se activaron de alguna extraña manera, así que a las 9:55 estaba cagando batido de chocolate con vainilla, con cortejo vegetativo (sudores frío y naúseas acompañantes).
Con el malestar en el cuerpo me subí a la urgencia de ciru a las 10:10 am. Allí me encontré con que la R mayor aún no había llegado, así que estaba la otra residente saliente de guardia con cara de malas pulgas porque tenía ganas de irse para su casa. Ni adjuntos, ni residentes mayores. Tan solo una enfermera y una auxiliar con cara de aburrimiento y sueño.
Y por supuesto una miriada de pacientes con las más variopintas patologías rectales, heridas, úlceritas, pelotas infladas, dolores de riñón y derivados... y yo con mi cagalera acompañada de cortejo vegetativo.
"Como la R mayor se haya puesto chunga y no pueda venir a mí me van a tener que ingresar pero en la UCI" pensé yo.
Así estuve unos 15 mins, más solo que la una, tratando de historiar a un paciente al que se le habían hinchado las pelotas de una manera preocupante en las últimas 12 horas (realmente su escroto era como dos aguacates envueltos en terciopelo avenjentado, lo juro).
Al final vino la R mayor, y nos pusimos a currar. Como era sábado y hacía buen tiempo se ve que la gente se dedicó a irse al campo y la piscina y de paso cortarse dedos, fracturarse costillas o tomar infusiones de ácido úrico (no me explico sino tanto cólico renal).
La peor guardia que he tenido. La R mayor metida en el quirofanillo cosiendo a todo coser (si me llego a poner yo entonces no acabamos ni en 3 meses), y yo llevando la urgencia solo.
Un R1 en su segunda guardia de cirugía era lo que te podías encontrar ese sábado en mi hospital así de primeras, y encima venían pacientes y más pacientes. La gente empezó a acumularse en la sala de espera, la demora era de 4-5 horas y aquello iba de mal en peor. Los familiares comenzaban a amotinarse, encender las antorchas y para mí que estaban cortando los árboles cercanos para tumbar la puerta de urgencias. Yo venga a rellenar volantes de sedimento de orina, y a decir a la enfermera "coge una vía por aquí", "sonda una picha por allá", "vete preparando las ollas con brea caliente y aceite hirviendo para disolver a la turba de pacientes"...
Si salías a la sala de espera a llamar a algún paciente te agarraban de la bata brazos de familiares como en las pelis esas de zombies: "cuaaaando atieeeenden a mi abueeeeelo", "reclamaciooooon", "cereeeebro"... espeluznante.
De 3 a 6:30 la R mayor, que ya llevaba como 10 guardias en 20 días por el tema de vacaciones me dijo que me subiera a dormir. ¡Ibamos a partir!. Partir significa que la mitad de los residentes se van a dormir (o intentar dormir) 3 horitas, y la otra mitad otras 3 horitas.
Pero cuando solo hay dos resis (como en cirugía) la segunda mitad eres tú y solo tú. Así que me subí a las habitaciones a las 3 de la mañana, pero claro, de pensar que de 6:30 a 10 iba a estar yo solo en cirugía no pude dormir nada, así que al final ni chicha ni limoná.
A las 6:30 suena el teléfono : "Julio, tu turno". Allí iba yo, con más diarrea que por la mañana del acojonamiento. ¿y si hay un tiroteo? (el fin de semana anterior lo hubo) ¿una parada?... solo quedaba rezar. Las 3 horas que siguieron fueron una prueba a mi capacidad de mantener a los pacientes entretenidos, pedir pruebas (la cuestión es estar esperando pruebas), pedir más pruebas y rezar para que ninguno se pusiera malito de verdad... todo para esperar a las 9 de la mañana, que es una hora prudencial en la que puedes ir llamando a los adjuntos para que bajen a las catacumbas a valorar....
Entre que los adjuntos bajaron y tal y pascual, llegaron las 10:00, hora en la que venían otros 2 residentes, que se quedaron con los marrones que quedaban para entonces.
Liberado de estrés me fui a casa a descansar. Al menos ya consigo desconectar completamente cuando llego a casa, y dormir a pierna suelta. Era un domingo, 12:00 de la mañana. Y el Lunes tenía otra guardia, a las 9:00, esta vez de medicina interna. Pero esa es otra historia.
23.8.05
Experiencias guarderiles
10.8.05
El milagro de Petinto
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla, y anda. 9 Y al instante aquél hombre quedó sano, y tomó su camilla, y echó a andar.Lucas 5:8-9
Estos días no he tenido demasiado tiempo para escribir. Mientras me recupero de la última guardia (y es que creo que llevo arrastrando algún resfriado nosocomial dede hace días) y aprovenchando que por fin hoy llueve un poco por aquí (a ver si se pasa este calor agobiante) voy a relatar un hecho fascinante.
La mayor satirfacción que puede uno llevarse como médico es conseguir curar a alguien. Esto, aunque sorprenda a muchos, es algo que no pasa demasiado a menudo.
En la guardia de ayer conseguí que una paciente que vino en silla de ruedas, saliera andando del hospital. Pero lo curioso del asunto es el "cómo".
Llega una paciente contando que esta mañana se despertó sin poder mover ni las piernas ni los brazos. Cuando me tocó la paciente la verdad es que me cagué por las patas "pa bajo". "Mal rollito eso de despertarse sin poder mover tu cuerpo". La chica venía en una silla de ruedas.
Empecé a hablar con ella... pero algo no cuadraba... la chica parecía bastante tranquila. "Si yo me levanto un día sin poder moverme como que me acojono un rato", pensé.
Así que tirando del hilo descubro que a la chica esto le pasó anteriormente (hace 3 años) coincidiendo con que le diagnosticaron fibromialgia. Estuvo, según contaba, varios meses en los que día sí día no se despertaba con parálisis de brazos y piernas, que desaparecían antes de la hora de comer y "gracias a los masajes que me daba mi novio".
Aquello era desconcertante. "¿Y no consultaste con un médico entonces?". "No, yo pensé que sería por la fibromialgia.".
Le hago la exploración neurológica correspondiente. Hubo que llamar a un celador, porque claro, como la chica solo movía el cuello y la cara, había que subirla a una camilla.
Durante la exploración descubrí dos fenómenos curiosos. Primero, aunque la chica no parecía poder mover ni brazos ni piernas, cuando le exploré el abdomen sí que era capaz de contraerlo. Con un poco de anatomía que uno sepa es capaz de deducir que si hay una lesión medular que impide la contracción de brazos y piernas, también impide la contracción de los músculos de la barriga. Como quien no quiere la cosa le dije: "la barriga por supuesto sí la puedes contraer"... como dando por supuesto que esa era la respuesta correcta. "Sí claro", respondio la paralítica.
El segundo fenómeno curioso ocurrio al realizar la maniobra de Babinski. El Babinski consiste en "rascar" con un bolígrafo o similar la planta del pie. Se usa para saber si un paciente está decorticado o no. Se supone que el reflejo normal es flexionar los dedos de los pies. Algunos pacientes decorticados los extienden, lo cual indica lesión en el haz cerebroespinal.
Pues bien, "rasco" a la paciente la planta del pie y ¡milagro! la pierna se contrae bruscamente y se retira. "vaya, se ha movido la pierna paralítica". Pero más curioso aún es que vuelvo a rascar y la pierna ya no se mueve (se ve que la paciente ya se lo esperaba).
Total, que aunque estaba casi convencido de que se trataba de una parálisis facticia (la paciente tiene más cuento que Calleja) o bien de un cuadro conversivo (el subconsciente de la paciente tiene más cuento que Calleja), tuvimos que hacerle un TAC para descartar cualquier cosa rara.
El TAC salio totalmente normal. ¿Y ahora qué?... no le podemos decir a una paciente que viene en silla de ruedas: "mire, que el TAC es normal y no tiene nada, váyase a su casa".
La adjunto me recomiendo que le ponga un suero fisiológico, que es como dar un vaso de agua pero con más parafernalia. Pero claro, la paciente no tiene ninguna vía puesta. Decidimos algo más drástico: una inyección intramuscular de voltarén (duelen un poco). La esperanza es que entre el efecto placebo y antiinflamatorio, consigamos que ande en un par de horas.
Lo que ocurrio fue aún más cómico que lo esperado.
Salgo a la sala y voy a por la paciente (que estaba al lado de su marido, el cual le daba masajes en las piernas... vaya cuadro).
Cojo la silla de ruedas y la meto para urgencias mientras digo: "le vamos a poner una inyección en el culete... duele un poco pero seguramente conseguiremos que ande". La reacción fue para fliparlo. La tipa se agarra al marco de la puerta (¡esos brazos paralizados!) y dice: "¡no! ¡no! una inyección no.... por favor".
Aquello sí que era surrealista. Decido pactar con la paciente: "ok, vamos a hacer una cosa... vamos a esperar 10 mins a ver si te recuperas, y si no te ponemos la inyección".
A los 15 mins salí a la sala de espera, con cara de película de suspense. El resto de pacientes (que se habían coscado de la movida) reían por lo bajini. "¿Bueno, te ponemos la inyección o no?".
"No, no hace falta, mire doctor, yo ando, yo ando"... y la tía se levanta como con dificultad de la silla de ruedas y comienza a andar... un paso titubeante, otro más... a los 4 pasos ya andaba perfectamente.
¡Levántate y anda! Y la paralítica "andó".
